XAMICALLI  

(del náhuatl “xamicali”, casa de adobe)

En una vieja casona, con su patio rodeado de columnas y arcos de cantera en el corazón de la ciudad, se encuentra un club único, tanto por su arquitectura y diseño interior como por el servicio y el ambiente que ofrece. “Xamicalli” o casa de adobe, es el nombre que hace referencia a la singularidad en el tratamiento de los materiales de sus espacios, que evidencian los procesos constructivos que les dieron forma, los cuales también están presentes en todos los inmuebles con cierta antigüedad que constituyen los primeros barrios de la capital del estado.

 El acceso al lugar está enmarcado por un angosto zaguán tradicional que tiene un lucernario de vidrio, lo franquea una estela que refleja infinitamente la doble equis del logotipo con un juego de espejos, creando la ilusión de un portal de luz; al atravesarlo, se llega al salón principal que antaño era un patio abierto al cielo y ahora luce cubierto por una cúpula de ladrillos que corona sus muros. Acentuando aún más la gran altura de este espacio, se extiende un plafón reticular de luces cálidas que bañan los muros de adobe. Entre las columnas de cantera del viejo patio está la barra, donde se preparan los cocteles y bebidas que se sirven a los clientes que deciden darse cita noche tras noche para bailar, conversar y disfrutar de la buena música que los mejores Dj’s locales y nacionales hacen sonar desde un stand ubicado frente a la barra.

Desde el salón principal se puede acceder al mezzanine a través de una escalera, donde se disfruta de salas exclusivas manteniendo contacto visual con la pista de baile y con toda la actividad de la barra, este espacio se presta para la conversación entre grandes grupos de amigos que pueden crear su propio ambiente sin perder el ritmo del lugar.

Atravesando el umbral de dos puertas de jambas y arcos de cantera, llegamos a un amplio salón que está custodiado por dos nichos intervenidos por el artista y calígrafo duranguense Ricardo González, rematado en su parte superior por un candelabro que es una remembranza de lo histórico-tradicional reinterpretado en un lenguaje actual, mismo tratamiento que está presente en cada uno de los locales del club, en su paleta de materiales y en su mobiliario; todo en conjunto expresa la tensión que existe entre la dualidad del pasado y el presente. De este lugar, pasamos a la terraza cubierta con salas de conversación y mesas altas con bancos al aire libre para fumadores, esta se encuentra rodeada por una estructura metálica con plantas de 4 especies distintas en macetas de barro, lo que le otorga gran colorido y vitalidad al entorno para pasar una velada agradable.

No menos importante fue el diseño de los baños, cuya entrada la acompaña un muro de cubos de madera iluminados en forma oblicua desde arriba para resaltar su textura, se buscó que fuesen cómodos y adaptados a las necesidades específicas de cada género, siendo el espacio de las mujeres mucho más amplio y con una sala de espera.

La multiplicidad de ambientes lograda, manteniendo la unidad a través del diseño de todos los espacios y sus elementos con un mismo lenguaje y concepto, hace de Xamicalli un lugar que no tiene comparación con otros bares y centros nocturnos de Durango, convirtiéndolo en el gran favorito de quienes lo frecuentan regularmente y de los que lo visitan por primera vez.